National Autonomous University of Mexico (Mexico) Trapping CO2 in the atmosphere, a measure against climate change
Desde poco más de una dĂ©cada, la doctora honoris causa por la UNAM Joanne Chory empezĂł a trabajar en una soluciĂłn para el secuestro de carbono, basada en la capacidad de las plantas para extraer diĂłxido de carbono (CO2) de la atmĂłsfera a travĂ©s de la fotosĂntesis y convertirlo en biomasa.
Los suelos de la Tierra, explicó, contienen una gran cantidad de carbono, estimada en unos dos mil 300 gigatones a tres metros de profundidad, lo que constituye unas tres veces la reserva atmosférica actual de CO2.
Los suelos de las tierras de cultivo y de pastoreo (cerca de cinco mil millones de hectáreas en todo el mundo), precisĂł, tienen una enorme capacidad para almacenar carbono, la cual, combinada con la infraestructura agrĂcola existente, ofrece la oportunidad de aprovechar la genĂ©tica para mejorar los rasgos relacionados con el secuestro de carbono mediado por plantas.
Iniciativa en movimiento
La investigadora del Instituto Salk destacĂł que por varias de sus caracterĂsticas, las plantas son buenas candidatas y la biomasa de las raĂces es una de ellas, la cual contribuye aproximadamente con cinco veces más captura de carbono que la masa equivalente de hojarasca aĂ©rea.
“Decidimos que con esta iniciativa tenĂamos que aprovechar algĂşn elemento de distribuciĂłn global y lo que hemos hecho es trabajar con semillas de maĂz, trigo y arroz en sus formas silvestres, pero tambiĂ©n se puede utilizar granos de soya, sorgo y canola”, explicĂł la investigadora.
Si bien muchas plantas pueden ser candidatas a ser usadas en el proyecto, es importante que aquellos mecanismos que les permiten secuestrar el carbono tambiĂ©n resistan la descomposiciĂłn por parte de los microorganismos del suelo; tambiĂ©n necesitan aumentar su tiempo de vida en los suelos, es decir, las plantas requieren soportar una interacciĂłn compleja entre la composiciĂłn quĂmica, la oclusiĂłn fĂsica del carbono dentro de los agregados del suelo, la formaciĂłn de complejos organominerales estables y la conectividad de la pelĂcula de agua con los microbios.
“Las plantas modificadas se encuentran aĂşn en etapa de investigaciĂłn en el laboratorio, pues todavĂa falta mucho por hacer antes de llevarlas a campo. Pero, hemos tratado de evitar los organismos genĂ©ticamente modificados (OGM); lo que nosotros tratamos de hacer es editar la cadena, utilizando tĂ©cnicas de secuenciaciĂłn CRISPR”, detallĂł Chory.
La bioquĂmica de la raĂz tambiĂ©n influye en la descomposiciĂłn, y un rasgo candidato principal es la cantidad de suberina en las raĂces, que es un complejo lipofĂlico que se compone de ácidos grasos de cadena muy larga y compuestos poliaromáticos. Puede ser una buena fuente para el secuestro de carbono por su estabilidad bioquĂmica, su interacciĂłn con los minerales del suelo y la oclusiĂłn en los microagregados de la capa superior del suelo.
En un artĂculo publicado recientemente en la revista Plant Cell (2022), Chory detalla que la planta ideal debe acumular suberina en la pared celular de sus cĂ©lulas de raĂz y formar un sistema de raĂces vasto y profundo. Para lograrlo, se seleccionan genes candidatos que afecten la arquitectura del sistema radicular y la masa radicular; informaciĂłn que se combina con promotores especĂficos de raĂces y genes biosintĂ©ticos de suberina.
La planta ideal se crea aprovechando los enfoques clásicos (mejoramiento) y más recientes (ediciĂłn del genoma, ingenierĂa genĂ©tica) para introducir alelos y genes favorables que aumentarán la biomasa de la raĂz y los transgenes que aumentarán la deposiciĂłn de suberina en la raĂz.
Se espera que, además de atrapar más carbono, estas plantas puedan enriquecer los suelos empobrecidos con polĂmeros de carbono resistentes a la degradaciĂłn. Por el momento, su desarrollo está aĂşn en fase de laboratorio, enfatizĂł la ganadora del Premio Gruber Genetics 2018.
Entre los desafĂos a superar, estimĂł Chory, se requieren hacer varias pruebas. Se calcula que las plantas finales tendrán el potencial de absorber hasta 1.85 gigatones de carbono por año sĂłlo en 30 centĂmetros de tierras de cultivo, con una mayor profundidad de enraizamiento y una composiciĂłn bioquĂmica en la que las raĂces podrĂan producir una capacidad de secuestro mucho mayor.
El tiempo apremia, dijo la investigadora. Cada año que pasa sin una reducción significativa de carbono tendrá un impacto negativo en miles de millones de humanos y disminuirá la biodiversidad de nuestro planeta, “sabemos que esta no es la única solución, pero estamos invitando a la gente creativa a proponer ideas y juntos podremos hacer algo”.
Por último, Chory enfatizó que disfrutó mucho de la ceremonia en la que recibió el doctorado honoris causa por la Universidad. “El tiempo que he pasado en México me deja ver cuánto honor es haber recibido el reconocimiento de la UNAM, y hacerlo con personas que son tan talentosas en sus campos. Creo que tuve una semana sumamente provechosa”.
Avances desilusionantes
La galardonada con el Pearl Meister Greengard Prize 2020 destacĂł asimismo que los pocos avances presentados en la más reciente Conferencia de las Partes (COP) son desilusionantes, porque ningĂşn paĂs está alcanzando sus objetivos de manera exitosa, considerĂł la doctora honoris causa por la UNAM Joanne Chory.
Ése es un gran problema cuya soluciĂłn deben apoyar los cientĂficos y la poblaciĂłn en general, pues las naciones y los gobiernos no han sido capaces de reducir sus emisiones; de ahĂ la inquietud de la cientĂfica por encabezar la Iniciativa de Aprovechamiento de Plantas, con la cual busca atrapar el diĂłxido de carbono de la atmĂłsfera, dijo.
Y agregĂł: “Nos quedan sĂłlo ocho años, que no son muchos, para hacer un cambio en 2030 y los paĂses tienen que estar unidos para lograrlo; debemos actuar ahora, ya no podemos tener distracciones… Este es un problema global y todos debemos apoyar, tenemos realmente que pensar cĂłmo podemos participar”.
La ganadora del Premio Princesa de Asturias de InvestigaciĂłn CientĂfica y TĂ©cnica 2019 detallĂł al respecto que los gobiernos destinan muchos recursos para investigaciĂłn, y siempre habrá quien apoye un programa que trate de combatir cambio climático para llevarlo más allá del laboratorio.
Sobre MĂ©xico, Chory se dijo admirada por sus iniciativas y la cantidad de mujeres en ciencia, tecnologĂa, ingenierĂa y matemáticas colaborando, pues es algo muy raro de encontrar en un gobierno, incluyendo a Estados Unidos. “Tenemos que impulsarlas, asĂ como a los estudiantes; inspirarlos es parte del trabajo y los tenemos que entrenar ahora”.